La legítima defensa: Una mirada para el sentido práctico.

Manuel Muñoz. Abogado.

Director Defensorial Social de Chile

 

Cada vez que un delincuente muere mientras perpetraba un delito, como consecuencia de un ciudadano que intento frustrar el ilícito, se inicia la discusión sobre si es o no legítima defensa.  El interés por el tema aumenta sustantivamente si quien actuó en contra del presunto delincuente causándole la muerte, queda detenido.

En este nivel, los medios de comunicación han dado especial tribuna a “detenciones ciudadanas” y acciones de castigo a quienes son sorprendidos cometiendo ilícitos. Una vez más las agresiones propinadas al presunto delincuente, pueden cambiar bruscamente el sentido de los hechos.

De héroes a agresores despiadados. De victimas a victimarios. Detrás de todo esto, surge la necesidad de comprender el concepto de legítima defensa que expresa el Código Civil y sobre el cual las policías y la ciudadanía deben ajustarse.

La legítima defensa o defensa propia, describe una conducta en la que una persona realiza un acto sancionado penalmente, pero que  es  eximido de responsabilidad  en caso de cumplir una serie de  requisitos. En otras palabras, es una situación que permite eximir, o eventualmente reducir la sanción ante la realización de una conducta generalmente prohibida.

Otra mirada de lo que es la legítima defensa, se expresa de la siguiente forma, haciendo énfasis al derecho natural. “Defensa es una causa de exención de la responsabilidad penal o de atenuación de la condena, si se ha excedido en su uso, cuando la comisión de un hecho ilícito, tipificado como tal, lo ha sido con fines de defenderse de un ataque a su persona y/o a sus bienes. Se basa en el derecho natural que tiene una persona de protegerse, cuando no sea posible recurrir a la intervención del Estado, que monopoliza el ejercicio de la fuerza para repeler las agresiones ilegítimas, por la gravedad y la inminencia del ataque. La víctima en este caso se encuentra sin protección ante el agresor y, ataca a su vez, para evitar el daño personal. En otros términos, la defensa propia es el contraataque o repulsa de una agresión actual, inminente e inmediata, con el fin de proteger bienes jurídicos propios o ajenos.

El artículo 10, número 4 del Código Penal, establece lo que se llama la legítima defensa propia. Señala que están exentos de responsabilidad criminal, “el que obra en defensa de su persona o derechos, siempre que concurran ciertas circunstancias”.

El Código Civil describe las liberaciones de responsabilidad. Estas se expresan en cuatro formas.  Propia, de parientes, de extraños y privilegiada.

 

La legítima defensa propia:  

Se encuentra exento de responsabilidad penal, el que obra en defensa de su persona o derechos, siempre que haya:

Agresión ilegítima.

Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

 

La legítima defensa de pariente:

“El que obra en la persona o derechos de su cónyuge, de los parientes consanguíneos legítimos en toda la línea recta y en la colateral hasta cuarto grado inclusive, de sus padres o hijos naturales o ilegítimos reconocidos…”. Siempre que haya:

Agresión ilegítima.

Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

Conforme al marco legal, es posible argumentar la legítima defensa cuando se defiendan la vida y derechos de terceras personas. En esta clasificación se comprenden como tales al conviviente civil,   cónyuge,  familiares directos tales como primos y familiares por afinidad, incluidos suegros y cuñados, “siempre que concurran la primera y segunda circunstancias prescritas en el número anterior, y la de que, en caso de haber precedido provocación de parte del acometido, no tuviere participación en ella el defensor”. 

Para que el que comete un acto que sería sancionado como delito no reciba una pena, debe probarse que ocurrían estas tres circunstancias. Agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.  Si falta una de ellas, la persona podría ser condenada, salvo que tenga a su favor otro de los factores que señala la ley (ser menor de 14 años, padecer de locura o demencia o que cometió el acto privado de razón).

 

La legítima defensa a extraños:

“El que obra en defensa de la persona o derechos de un extraño…” Para que exista esta legítima defensa, debe existir:

Agresión ilegítima.

Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

En caso de haber precedido provocación de parte del acometido, no tuviere participación en ella el defensor de parientes.

Que el defensor no sea impulsado por venganza, resentimiento u otro motivo ilegítimo.

 

La legítima defensa privilegiada:

Acá encontramos la más amplia forma de las liberaciones de responsabilidad. Sus características son la ausencia de prueba de los requisitos legales y procede cualquiera sea el daño que se ocasione al agresor. Este tipo de legítima defensa concurre en los siguientes casos:

Robo con fuerza: Por entrada por medios no destinados, por forado, por rompimiento o fractura, en una casa, departamento u oficina habitada o sus dependencias, tanto de día como de noche. También en un local comercial o industria de noche.

Respecto de aquel que impida o trate de impedir la consumación de los siguientes delitos:

Robo por sorpresa.

Violación.

Sustracción de menores.

Privación ilegítima de libertad.

Abuso deshonesto.

Parricidio.

Robo con violencia.

Homicidio.

En este sentido, la consulta más recurrente es el miedo a ser objeto de un asalto en su propia casa.   ¿Qué puedo hacer?  En primer término, se presume que alguien actúa en legítima defensa cuando repele a otra persona que ingresa ilegalmente a su casa. Acá se agrega el concepto de  “escalamiento”. Esto se refiere a la situación en que una persona entra al domicilio por vía no destinada a tal efecto. Rompimiento de murallas, por forados en pared o techos o fractura de puertas o ventanas. En conformidad a lo descrito, dándose esta situación, una víctima que se defienda, no sería condenada cualquiera sea el daño que le cause al que entra a su hogar de las formas antes expresadas.

“Se considera legítima defensa si se repele a alguien que ingresa con escalamiento, tal cual ya fue definido, a en una casa, departamento u oficina habitados, o en sus dependencias o, si es de noche, en un local comercial o industrial”.

Saliendo de nuestro marco legal, nos encontramos con legítima defensa en la historia. En el antiguo testamento, en el Libro de Éxodo, capítulo 22, versículo 2, se establece: “Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpable de su muerte”

En el Derecho Romano, la legítima defensa está en las doce tablas. En su redacción permiten matar al ladrón nocturno, con tal que ello se pruebe ampliamente por testigos. Si ha sido sorprendido durante el día, sólo permiten matarlo si se defiende armado y ello debe proveerse ampliamente por la vía de testigos. Gayo plantea (repeler la fuerza con la fuerza es licito y de derecho natural). Ulpiano decía “la razón natural permite defenderse frente al peligro”.

 

¿Cuáles son los límites de la legítima defensa?

El abogado penalista y académico de la Universidad Diego Portales, Cristian Riego, también afirma que para que exista legítima defensa, es necesario que concurran tres requisitos: Que haya una agresión ilegítima, que el medio empleado sea racional y que exista falta de provocación por parte de quien se defiende. En casos de un asalto, como ocurren  muchos en las panaderías y otros locales comerciales, suelen coexistir dos de los requisitos, ya que los asaltos son agresiones ilegítimas que el asaltado no ha provocado. La clave reside en el segundo aspecto.

La proporcionalidad del medio es, entonces, algo que se debe probar, salvo en ciertos casos en los que se la presume, como ocurre en los robos con violencia, intimidación, en lugar habitado con escalamiento, entre otros delitos específicos.

Riego menciona, además, una norma legal antigua que protege a quienes son víctimas de robo en sus domicilios particulares a cualquier hora del día o en sus locales comerciales, cuando el hecho se lleva a cabo de noche. “Se llama legítima defensa privilegiada y significa que la ley presume inmediatamente que se dan los requisitos necesarios. Es un beneficio que estableció la ley para ponerse del lado del atacado, y para que se ponga cierta presunción en el que se defiende”, explica, aunque aclara que hoy, con la existencia de la presunción de inocencia, no resulta imprescindible.

Explica que sobre los límites que separan la legítima defensa de un homicidio, no existen barreras claras, ya que en general quedan a discreción del juez, dependiendo de cómo se desenvolvieron los hechos. No obstante ello, advierte que la racionalidad del medio tiene que ser de acuerdo a las circunstancias.

Por ejemplo, si los delincuentes van armados, uno podría pensar que es necesario usar un arma también. En cambio, si el delincuente ya estaba reducido y se le dispara después de eso, no habría ninguna racionalidad necesaria para defenderse; sería claramente un exceso.

El experto afirma que la proporcionalidad no es “estricta”, ya que “si estoy en mi casa en la noche y entra alguien que no sé si está armado o no, obviamente puedo usar mi arma, porque es racional que, al no saber, tenga temor. Sería racional usarla, a pesar de que no sepa”.

Bajo esa premisa, solamente se convierte en homicidio “cuando el mecanismo de la muerte no era necesario para defenderse”. Por ejemplo, si un ladrón solitario entra en un local concurrido para asaltar usando un pequeño cuchillo y se utiliza contra él un arma automática, disparando múltiples tiros al cuerpo, podríamos estar frente a un caso en que se pueda desvirtuar la presunción de legítima defensa. También existe controversia en casos en que se ha disparado por la espalda al delincuente, mientras escapa. En ellos, se sostiene que “la agresión ya habría terminado”, por lo tanto no existiría una situación de la cual defenderse.

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