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Recordamos a don Manuel Domínguez Diéguez

El pasado 24 de junio falleció en Santiago, don Manuel Domínguez a los 96 años de edad. Partió rodeado del amor de todos sus hijos y de su esposa, María Soledad Alcoholado Guridi, de 89 años.

Hasta hace un año aproximadamente, don Manuel gozó de muy buena salud. Pero tras presentar una enfermedad respiratoria fue hospitalizado, y desde ese momento presentó diversas fallas multifuncionales.

Lo anterior obligó a trasladarlo -hace unos 6 meses- a una casa donde recibió atención profesional las 24 horas del día.

Él nació en Chile, pero sus padres eran españoles, de Galicia, específicamente del pueblo de Chaguazoso, en Orense.

Su papá, José Domínguez, llegó a Chile y comenzó a trabajar en el norte de nuestro país. Luego viajó a Santiago, donde junto a unos familiares compró una panadería. Pronto arribó desde España, desde su mismo pueblo, su esposa Domitila Diéguez, y juntos emprendieron el trabajo en la industria del pan.

Al fallecer muy joven su padre, don Manuel y su madre Domitila debieron comenzar un nuevo negocio y crearon poco a poco una lechería. Gracias a este esfuerzo compraron e instalan su primera panadería, llamada “San Pedro”, ubicada en calle Portugal.

Pasó el tiempo y se instalaron con otra panadería, la “Santa Gema”, ubicada en calle Carmen. Ésta fue trabajada por su hermano, José Domínguez (el querido tío Pepe de sus hijos), cinco años menor que él y quien aún está vivo.

Después construyeron una tercera panadería, llamada “Lo Castillo”, que se ubica en la comuna de Vitacura. De ella se hizo cargo don Manuel con su esposa María Soledad. Esta fue la panadería en la cual trabajaron juntos por 40 años; ahí nacieron sus 4 hijos. El año 1996 la vendieron y así terminó su trabajo en el rubro de la industria panadera.

A contar de entonces se dedicó a vivir de sus rentas, a apoyar la crianza de sus nietos y a practicar su deporte favorito, el frontón, en el Estadio Español. Y lo hizo hasta los 89 años.

Don Manuel fue un hombre muy deportista, ciclista, futbolista y cazador. Como ya se indicó, tuvo 4 hijos: José Francisco, que siguió en el rubro de la industria del pan; Manuel Antonio, arquitecto; María Soledad, educadora de párvulos y, Verónica Blanca, profesora de educación general básica.

Como en muchas familias con panadería, todos sus hijos siempre colaboraron en las distintas funciones que requiere este negocio. Así, ayudaban en la caja, el mesón, vendiendo empanadas y haciendo pan. Una vez que se casaron y se fueron del hogar familiar, sus padres quedaron trabajando solos.

Su familia siempre fue el sentido de la vida de don Manuel. Sus hijos lo recuerdan como un padre moderno, cercano, muy bueno para dar consejos, muy trabajador, buen esposo, padre, abuelo y bisabuelo, muy sano, optimista y con muchos deseos de vivir.

“El rubro de la panadería fue muy significativo para él, porque lo que formó junto a su madre, quien vivió en nuestra casa hasta que falleció, y eso fue muy doloroso para él. Pero siempre lo empujó el desafío de seguir con lo que construyó junto a su mamá. Fue muy cercano con todos sus familiares de la aldea de Chaguazoso que se dedicaron al mismo rubro, por lo que se acompañaban, aconsejaban y, a la vez, participaban en fiestas del pueblo para recordar y mantener las tradiciones y la morriña del lugar”, recuerdan sus hijos.

“Siempre nos comentaba, cómo su familia había crecido acá en Chile. Estaba muy orgulloso de sus, 4 hijos, 12 nietos y 3 bisnietos, quienes lo adoraban y escuchaban, creando lazos muy fuertes con él. Eran muy típicas las tardes de charlas, cantos, historias, revisión de fotos y de vivir muchas aventuras con sus nietos, que lo acompañaban en todo”.

Su despedida fue gradual, ya que él los preparó durante el último tiempo en el que estuvo enfermo. “Siempre estuvo conectado con nosotros y con nuestra mamá, incluso dando órdenes y organizando hasta sus últimos días”, agregan.

“Queremos agradecer a todos los que participaron de su misa de despedida. Fue muy emotivo ver una iglesia repleta de personas. Sentimos toda la energía y sabiduría que él nos entregó durante sus años de vida. La presencia de amigos, primos, compañeros y ahijados, demostró claramente la huella que dejó en muchas de las personas que nos acompañaron en ese triste momento”.

“Fuimos muy afortunados de tener el papá que tuvimos por tantos años a nuestro lado”, concluyeron sus hijos.

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