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Las historia de Iñaki Narvarte Larrondo, socio de panadería Launeak de Cerro Navia:

Lleva tan sólo 4 años como industrial panadero. No obstante, tiene un robusto manejo del negocio y de sus proyecciones. Esto gracias a una larga historia como empresario y comerciante. Además, porque su familia y el amor lo han ligado a nuestro sector desde hace varias décadas.

Nos referimos a Iñaki Narvarte Larrondo (53 años), socio de la panadería Launeak de Cerro Navia. Él es casado hace 26 años con Anamari Martínez Elórtegui, hija de don Félix Martínez y Anamari Elórtegui de la panadería La Tahona de Valparaíso.

Desde hace 30 años es bombero, “por pasión y vocación de servicio”. Pero con un alto compromiso, ya que esta actividad conlleva responsabilidades, como el cumplimiento de estándares físicos y sicológicos, pero también de otros de tipo técnico. “Sólo así es posible mantenerse activo para el servicio”.

Tiene tres hijos varones. Sebastián Agosti de 25 años, ingeniero comercial, quien vive y trabaja en Australia (también es arquero, baterista y DJ); Martín Eukeni de 23 años, kinesiólogo recién titulado, además de músico y filántropo empedernido e, Iñaki Endika de 18 años, que entrará a la universidad este año. Él es un gran futbolista y seleccionado chileno de Pelota Vasca.

Si bien sus padres no tuvieron panadería, siempre estuvo ligado a ellas. El hermano de su madre, Vicente Larrondo y su padrino, Juan María Idiart, tenían algunas en Valparaíso. Así que desde pequeño iba de visitarlas.

Por el lado de su padre, es primo de José María Narvarte, quien tiene varias en Santiago y fue presidente de Indupan.

Participaba además en un equipo de fútbol que se llamaba Euskal Herria, y en él, la gran mayoría eran industriales panaderos.

SU ARRIBO A LA PANADERÍA

Nos cuenta que se convirtió en socio de una panadería en el 2014, cuando José María Narvarte Arregui lo invitó a participar en la panadería Launeak de Cerro Navia. Se trata de una panadería que lleva algo más de 30 años funcionando, y que pasó a manos de José María y de su socio Ariel Díaz Gajardo en el año 1989.

“Launeak” viene de la palabra “Lagunak”, que en Euskera (idioma vasco) significa “amigos”; sin embargo, quien la inscribió en la entidad correspondiente, se equivocó al escribirlo.

Se convirtió en socio cuando Ariel Díaz decidió salir del negocio, y en un almuerzo de amigos manifestó que le interesaba entrar. “Yo venía de un rubro distinto, al que le dediqué 20 años. No obstante, lo evalué como un desafío interesante, pese a que era una industria desconocida para mí”.

Toda su vida laboral estuvo asociada al área industrial. Primero en el sector del vestuario, instalando una tienda y taller de confección de ropa en su natal Viña del Mar. “En Try fabricábamos ropa, estampábamos, bordábamos y vendíamos al detalle y por mayor”. Pero las grandes multitiendas y la ropa china le obligaron a cerrar.

Había que reinventarse y considerar la opción de buscar mercados más amplios. La decisión fue venirse a Santiago en 1995, donde comenzó a trabajar vendiendo neumáticos en el segmento de camiones, buses y minería.

“Encontramos un nicho poco explotado en este mundo y montamos una fábrica de recauchaje para este tipo de neumáticos. En Recautec durante casi 20 años nos dedicamos a ello, llegando a ser un importante actor del mercado. Tanto así que una gran empresa multinacional que quería instalarse en Chile, fijó sus ojos en nosotros… Llegamos a un acuerdo comercial, en el que nos compraron el 100% de la empresa, y el contrato de compraventa me obligaba a no participar de ninguna actividad relacionada con este rubro, por al menos 10 años”.

Dentro de todas las opciones que en ese momento evaluó, surgió la de invertir en el rubro de los biocombustibles (dado el alto precio que tenían los combustibles fósiles) y buscar así economías de escala para los consumidores de energía.

Nació así Propellet, que hasta hoy actúa en el ámbito de las panaderías y espacios tanto domiciliarios como industriales, implementando la tecnología necesaria en quemadores, estufas y calderas utilizados en procesos de hornos, calefacción, secado y generación de ACS entre otros.

En ese periodo y de forma paralela, surgió la opción de entrar al mundo de las panaderías participando de “Launeak”.

DESAFÍOS

Iñaki Narvarte dice que en esa etapa lo más difícil fue enfrentarse a un negocio que hasta ese minuto desconocía. Una operación 24/7, pagos diferenciados por especialidad de cada panificador, mantenciones preventivas y correctivas de maquinaria, trabajar con colaboradores con un nivel más técnico que profesional, precios que vienen un poco fijados por la competencia existente, compromiso al cumplimiento de horarios y frecuencias de entrega, vehículos con sus implicancias de mantención y mecánica y observancias sanitarias y medioambientales, entre otras.

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“Todo esto lo fui asumiendo como parte de la labor diaria. Los consejos de mi socio José María, de mi suegro y de mi padrino, me han ayudado a resolver las cosas de manera eficiente”.

Señala que al llegar se encontró con una panadería que estaba en una situación de baja producción, bajos márgenes de comercialización y sin una estrategia determinada de acción ni plan de negocios.

“Como primera acción, decidimos no hacer esfuerzos en márgenes de comercialización, ya que estamos insertos en una comuna vulnerable. Evaluamos nuevos proveedores para ser más eficientes con los costos y exigimos mayor compromiso, lo que nos ha permitido mejorar los sistemas productivos y la cadena de suministro”.

“Una vez asegurada la calidad base de los productos que fabricábamos, nos pusimos en la búsqueda de nuevos clientes, priorizando mayor volumen de venta para contrarrestar bajos márgenes y aprovechando la capacidad ociosa existente. Con satisfacción, podemos decir que hoy estamos a tope en producción y si surgiera una posibilidad de vender más, tendríamos que evaluar otro espacio físico”, agrega.

INMIGRANTES

Le preguntamos cómo impactó a su negocio la masiva inmigración registrada en los últimos años en el país, y nos explicó que para ellos ha sido sumamente positiva.

“Siempre fue difícil poder encontrar gente dispuesta a trabajar en turnos de noche, en fin de semana, domingos y feriados. Siempre se necesita eficiencia para cumplir con los productos que tenemos que entregar, tener la palabra higiene muy presente y ser responsables con los horarios. Ante la falta un panificador, evidentemente se complejiza todo, porque cada uno realiza una función variada y en distintas áreas. Pero los inmigrantes han sido parte de la solución, porque necesitan un trabajo estable que les permita acceder a una visa definitiva, con lo cual sus ausencias laborales son mínimas, su interés por aprender es muy alto, y si sumamos a lo anterior el que nosotros tenemos un nivel de ingresos superior a la media, no haciendo distinción entre extranjeros y chilenos, ello ha permitido que trabajen a gusto en nuestra panadería y que se haya generado una relación de largo plazo”.

Comenta que en su panadería conviven chilenos e inmigrantes con el debido respeto que se merecen mutuamente, e intentando aprender unos de otros con sus riquezas culturales y experiencias de vida.

“Para liderar esta convivencia, es muy importante la labor realizada por nuestro administrador, Javier Luer Moll, quien ha sido capaz de hacer que nuestro personal sea un gran equipo. Estamos convencidos de que las personas que componen una empresa, son una de las variables que la hacen triunfar o fracasar; de ahí el empeño diario en formar un buen equipo de trabajo”.

PROYECCIONES

Hoy su meta es generar un cambio en la estructura de ventas. “Nuestra energía apunta a ir modificando aquellos negocios con el peor margen de comercialización, por nuevas relaciones comerciales con mejor retorno, sin descuidar que se debe mantener a tope la producción. Para esto hemos creado una nueva línea de negocios, que apunta a elaborar productos acordes a las necesidades de nuestros clientes. Así, “pan creativo” nos permitirá diseñar, producir y entregar el pan con valor agregado. El esquema piloto ya tiene un año y verá la luz dentro de muy poco”.

REFLEXIONES

Al repasar lo que ha vivido y observado de nuestro rubro, Iñaki Narvarte nos comparte algunas reflexiones finales respecto de los paradigmas panaderos: “El modelo de panadería que sólo ofrecía pan y pasteles, ya es historia. Así que hay que diversificar la oferta, no sólo en productos de panadería y pastelería, sino que incorporar rubros tales como pastas, rotisería, platos preparados, sandwichería y cafetería”.

También indica que la competencia nos está aniquilando, ya que no sólo se pierde mercado porque la competencia ha crecido. “Debemos hacer un mea culpa y ver si el pan que estamos elaborando es el mejor y se ajusta a lo que exige el mercado”.

Asimismo señala que las personas prefieren calidad por encima del precio, por lo que exigirán productos naturalmente sanos y frescos, en desmedro de los envasados de larga vida. “Lo sano, también puede ser sabroso”.

“Trabajando duro, con pasión y organización, se consiguen los objetivos. Pero cualquier panadería, por pequeña que sea, debe tener un plan de negocios para alcanzar el éxito. Sólo teniendo claro el norte podremos redireccionar los esfuerzos. Pero no únicamente la organización y la pasión son clave para tener un negocio redituable, sino que también es necesario detectar nichos de oportunidad y ofrecer una experiencia de compra a los clientes”.

Al terminar la conversación con Past & Panhe, Narvarte agradece a todos sus colaboradores. “Para mí, las empresas sostienen su éxito en la gente. No existe ninguna organización sin las personas que la construyen. El modo de conseguir buenos resultados es a través de la gente. Y es muy difícil conseguir resultados si uno no está feliz. Tenemos que crear un ambiente en el que las personas puedan participar para alcanzar la mayor productividad posible”.

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