Debiéramos trabajar juntos en darle un énfasis cultural a la marraqueta.

Alejandra Novoa Sandoval, Seremi RM | Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio:

Es periodista de la Universidad Santo Tomás y relacionadora pública, pero actriz por oficio. Ex Consejera Regional Metropolitana (CORE)  por 5 años en la provincia del Maipo, con amplia trayectoria en gestión municipal. Tiene 41 años y es casada. Madre de José Agustín y de Dominga, de 11 y 8 años respectivamente.

Llegó al nuevo puesto seleccionada por “tener las capacidades y características técnicas para conducir un equipo bastante grande, ya que se llevan a cabo muchísimas actividades en la RM, que posee casi la mitad de la población del país. Entonces, cualquier trabajo que tengas acá, impacta”.

“Funcionamos con recursos bastante limitados, pero buscamos realizar alianzas estratégicas y colaborativas, con diferentes agentes culturales para tratar de llegar a la mayor cantidad de personas”.

Es oriunda de San Bernardo, estudió en un colegio de esa comuna y, desde muy joven, ha desarrollado una actividad política militando en Renovación Nacional.  Por muchos años se dedicó a la producción de importantes eventos. Hizo un diplomado en alta gestión municipal y cursos de comunicación estratégica.

¿Qué significó para usted llegar a este cargo?

Es muy importante este nombramiento y un honor contar con la confianza del Presidente de la República. También es un tremendo desafío, ya que siempre hay mucho por hacer. Esto se caracteriza por tener pocos recursos y muchas necesidades, así que hay que ser lo más eficiente posible. Y para ello es clave trabajar con mucho cariño.

¿Cuáles son las áreas que trabaja esta Seremi?

Vemos desde las artes escénicas (como la danza y el teatro), hasta la música y el Plan Nacional de Lectura. Nos relacionamos todas las ramas del arte y de la cultura en general.

¿Qué énfasis se le dará a su gestión, en contraste con la administración anterior?

El enfoque para la Región Metropolitana, tendrá que ver con la democratización de la cultura. Se buscará acercarla a las 18 comunas rurales de la región. Esto mediante dos ámbitos, el acceso libre a la cultura que llega cercana al hogar, y también mediante la experiencia de ir a ver un espectáculo. Muchos no conocen ni siquiera la ciudad y la idea es formar audiencia a través del acceso cultural.

¿Cómo ve usted la industria del pan?

Yo me vinculo con el pan de la mejor forma posible. Para mí el pan está relacionado con mis mejores recuerdos. Por el olor a ese pan recién horneado en invierno, al lado de la estufa comiéndolo con mantequilla derretida… Y además porque mi familia tuvo en su momento una panadería en San Bernardo.

Mi hermano partió con un horno de barro, con venta de empanadas y pan amasado. Eso derivó en una panadería con horno chileno. La verdad fueron varios años de conocer el proceso del pan, de quererlo, de esperar las marraquetas.

¿En qué etapa de su vida fue eso?

Mi hermano tenía unos 24 años y yo 12 ó 13. Trabajaba con él, ya que siempre hemos sido una familia “aclanada”. Lo hacíamos con otra hermana después del colegio y los fines de semana… Yo hacía de todo, desde barrer la harina que quedaba en el suelo, limpiar las latas que se iban a meter en el horno, ponerles aceite y colocar las marraquetas en las tablas con paños para su fermentación… no tomé los sacos de harina, pero estaba en casi todo el proceso de producción.

Lo que más me gustaba era comerme el pan recién salido del horno (se ríe). Bueno, también ver cómo se sacaban las hallullas, porque algunas hasta se desarmaban al caer calientes desde la lata al canasto. Pero lo que en verdad me encantaba era ver el proceso de las marraquetas. De hecho, en algún momento cocí pan con la paleta de alerce. Era un arte que se ha ido perdiendo lamentablemente.

Cambian las técnicas en algunos lugares…

A mí me cargó el horno convector a gas. Encuentro que el pan es totalmente distinto. Y hoy que el pan viene con menos sal, pucha que me da rabia. La crocancia de la marraqueta se pierde, es totalmente distinta. Tiene una cascara como más delgada. A mí me gusta la marraqueta del horno chileno y con la sal que corresponde.

Estamos claros que hay que propender a la vida sana, que involucra bajar los niveles de sodio, pero no matar un producto tradicional. Lo que hay que hacer y está dentro de la lógica de Elige Vivir Sano, es educar en cambios de conductas. Y en la alimentación sana, no sólo preocuparse de los sellos, sino de conseguir una alimentación integral.

En el caso del pan, no sacas nada con elegir uno reducido en sodio, si lo llenas luego de embutidos.

¿Cómo ve el aporte que ha hecho la industria panadera en cuanto a la alimentación saludable?

La industria panadera ha tomado las riendas respecto del comer saludable. Se agradece porque han hecho un enfoque preventivo hacia la ciudadanía. Eso es muy valorable. Y más porque es un esfuerzo totalmente voluntario.

Yo también destaco la iniciativa que han concretado en relación a motivar el consumo de marraquetas en los colegios con un acompañamiento saludable, porque con la vida agitada que tiene la gente hoy, se ha abusado con el envío de snacks.

Antes uno se comía su marraqueta en el colegio y no éramos gordos.

¿Y qué pasó con la panadería de su familia?

La cerramos porque mi hermano abrió una sucursal en otro lugar y los gastos de ella se comieron las ganancias. Pero estoy segura que si hubiéramos seguido sólo con la panadería de San Bernardo, hoy sería una tremenda empresa, ya que nos iba muy bien. Teníamos colas de gente dando la vuelta la manzana, esperando los domingos a que salieran las hallullas.

¿Cuál es su pan preferido?

Las marraquetas de la panadería La Selecta de los hermanos Yáñez, ubicada en Bulnes con Arturo Prat, en San Bernardo. Las acompaño con queso mantecoso.

¿Qué opina de la industria panadera actual?

La industria tiene el tremendo desafío de mantener un elemento tan de la cultura chilena, como es el consumo de pan… Somos unos de los mayores consumidores del mundo y eso, lejos de ser algo negativo, es un valor. Debemos sostener y defender que el pan no es dañino, sino que hay que tener cuidado con el acompañamiento que le ponemos.

Si mantuviéramos el orden de las comidas de antaño –el desayuno con una marraqueta, un almuerzo sano y balanceado y una once con una marraqueta- , créeme que los niveles de obesidad se mantendrían regulados.

Los chilenos tenemos que aprender a mirar la marraqueta como una compañera de vida. Además, privilegiarla por sobre otros tipos de panes, porque es la más liviana y la que tiene menos calorías.

También debiéramos trabajar en conjunto para darle un énfasis cultural a la marraqueta. Creo que iniciativas como el Concurso de la Marraqueta, el Día del Choripan en Marraqueta, el premio al primer bebé del año, van en el sentido correcto.

La marraqueta es parte de los platos de Chile. Uno no puede pensar en comerse una cazuela o un plato de porotos con riendas, sin una marraqueta crujiente al lado.

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