CAFETERÍAS Y SALONES DE TÉ CAPTAN FIEL CLIENTELA

Los productos de panaderías y pastelería ya no se disfrutan sólo en el hogar, son motivo para que muchas personas pasen gratos momentos en salones de té y cafeterías.  Cada día parecen más locales, que se destacan por sus productos, servicios y estilo. En esta nota repasamos la historia y oferta de tres lugares que se estacan por su calidad en la capital.

Como en las más cosmopolitas capitales del mundo, en Santiago han proliferado una amplia gama de cafeterías y salones de té, en los que comensales de los más variados gustos pueden disfrutar de una oferta del mejor nivel y con estilo. De hecho, cada vez con más frecuencia, aumenta la demanda por desayunos familiares y los de negocios. Además, se multiplican las reuniones de trabajos y de amigos en estos locales.

Para conocer sus experiencias en evoluciones, visitamos tres destacados locales en la capital.

MALVA

En Ortúzar 250, Ñuñoa, se encuentra Malva. Un salón de té, cafetería, almacén, panadería y pastelería. Un acogedor lugar para pasar y comprar algo rico o para sentarse a disfrutar.

Desde que uno cruza la puerta, se siente en la casa de la abuela, con los mesones de mármol, y objetos antiguos, con vigas de roble a la vista, paleta de colores en tonos pasteles, maderas blancos y flores.

Es un lugar especial en cada uno de sus rincones, decoración a base de marcos antiguos reciclados, y los muebles en pino y terciado. Cuenta, además, con una terraza que extiende el salón al jardín de los naranjos. La idea fue generar un espacio tranquilo y relajado por la calle Ortúzar y un sector de más actividad por Blatle y Ordoñez, que es donde está la tienda. Y se logró con mucho éxito.

Como nos dicen sus dueñas, Soledad Yáñez Méndez y Pamela Meléndez, buscaban que al entrar a ese lugar se viva una “experiencia”, mucho más allá que el mero acto de comprar o consumir. Cuestión que es clave para ambas, que comparten una preocupación  cultural por ser actrices de profesión.

Soledad proviene de familias de panaderos de larga trayectoria, tanto por el lado de su madre como su padre (don José Yáñez Diéguez, ex industrial y actual Director de Indupan Santiago).

Ella es la cuarta generación de su familia que se dedica a elaborar pan y, en su caso, a la pastelería fina. Y tiene mucho talento, pese a que  nunca ha tomado un curso para aprender a producirlos. Lo trae en “la genética”, y queda claro su talento, como el de su socia, al degustar cada una de sus preparaciones.

“Al contrario de la anterior generación, que apuntaba a producir a gran escala. Acá trabajamos lo micro, lo único, especial y diferente. Mi papá se muere de la risa al constatar que yo en un pan me puedo demorar 48 horas”, comenta Soledad.

Pero esa dedicación su clientela la agradece y valora, ya que durante todo el día entran y salen personas a adquirir sus productos. Ya sea los panes, como su amplia variedad de pasteles, tortas y masas dulces.

Malva partió hace como un año y medio. Han  tenido una respuesta muy positiva de los clientes. Por la mañana se reúnen las madres que se reúnen a disfrutar de algo rico, tras dejar a sus hijos en colegios cercanos. A las horas el almuerzo, a su vez, van personas que trabajan en las inmediaciones y consumen sus menús (comidas caseras con algún toque gourmet). En la tarde, van a la hora del té adultos. Los fines de semana, cada vez con más frecuencia, van familias completas a tomar el desayuno o a almorzar.

Los niños disfrutan mucho el lugar, ya que hay mesitas pequeñitas para que estén más cómodos. Además, cuentan con lápices y papeles, para que puedan dibujar. De hecho, en el local se exhiben  estas creaciones.

Todas las semanas van incorporando un producto nuevo, y ven lo que pasa. Lo que tiene mayor salida son los sándwiches. Sobre todo el queso de cabra, rúcula aceituna. En su almacén ofrecen una amplia variedad de té y chocolates (sin lactosa y sin gluten), además, mantequilla, aceites de oliva, mermeladas, etc.

Soledad dice que ve una oportunidad en la demanda cada vez más específica; ya sea alimentos para veganos, alérgicos alimentarios, celíacos, etc.  Sus panes, por ejemplo, son todos aptos para veganos, ya que no tienen ningún producto de origen animal.

Sus planes futuros es incorporar algunas actividades culturales en el local, para dar un espacio a la vida de barrio. “Hemos pensado en talleres de telar, cursos para armar ramos de flores, de poesía, conversaciones en inglés, etc.”.

 

ETIENNE MARCEL

En Teniente Compton 203, Ñuñoa, encontramos el salón de té Etienne Marcel, que nace en noviembre de 2015. Su historia partió hace seis años, cuando los franceses Laëtitia Gomes y Eliott Laburthe- Tolra estuvieron en Chile para realizar sus prácticas profesionales en áreas de la ingeniería.

Al regresar a París sintieron nostalgia de nuestro país, así que estudiaron más sobre pastelería, una de sus pasiones, y empezaron a prepararse para lo que venía: poner una tienda en nuestro país.

Después de ocho meses trabajando como ayudantes de cocina de repostería, tomaron todo lo que tenían y llegaron a Santiago. Buscando lugares e insumos conocieron a Luis Arenas, quien pasó de ser un gran amigo, a un socio clave del proyecto.

“Quisimos traer un poco de casa a Chile. Nos encantan los dulces franceses, su precisión y delicadez y nos dimos cuenta que el chileno estaba buscando nuevas experiencias”, explica  Laëtitia.

Para hacerlo, compraron una casa antigua ubicada en Ñuñoa, donde hoy  el público puede disfrutar de sus productos en la terraza. Además en el segundo piso cuentan con una pequeña galería de arte, para que se sientan más en París.

“Hemos ido creciendo desde que partimos. Contamos además con un espacio en el Parque Arauco y hace poco comenzamos con nuestra área de eventos corporativos, aportando catering para matrimonios y otros eventos”, comenta.

Asegura  que la respuesta de los clientes ha sido muy buena dese la inauguración. “Hemos recibido mucho apoyo de la comunidad francesa en Chile, ellos han venido a comprarnos de todo, pero también recibimos todo tipo de público. El boca a boca ha sido súper bueno para nosotros, así han llegado hartos chilenos con ganas de comer algo distinto. El chileno ha ido entendiendo el valor agregado de una pastelería francesa y artesanal. Al principio no entienden que un macaron cueste $1000 pero cuando lo prueban, se dan cuenta de ese sabor extra y de la dedicación puesta en cada uno”.

“Ahora tenemos una clientela mucha más amplia, a veces solo gente que escuchó que teníamos ´cositas ricas´, pero los que tienen el paladar más crítico son los niños”, reconoce.

Cada vez van agregando más productos y estrenando nuevos menús de acuerdo a las fechas o fiestas que se celebran en el país. Si bien cuentan con carta tradicional, son flexibles en la cocina a la hora saciar los pedidos más especiales de su clientela.

“Nuestro producto estrella son los macarons. Son uno de los postres franceses más conocidos, y la gente los disfruta mucho. Tenemos de muchos sabores y colores y eso les fascina tanto a adultos como niños”, dice Laëtitia.

En este salón de té hay  mucha gente los fines de semana. Ya sea en la mañana para un rico desayuno con los panes de chocolate y croissants o en la tardecita para tomar el té con una tartaleta, eclair y una selección de macarons.

Dentro de sus novedades está el que dan cursos de repostería. “Siempre escuchábamos clientas que se quejaban de la complexidad de realizar un macaron. Les atraía mucho pero les parecía inalcanzable. Entonces al principio fue más un desafío pero la verdad es que ha sido una excelente experiencia. La gente ha mostrado mucho más interés de lo que pensábamos y eso refuerza la idea de que los chilenos se están acercando a lo que es la pastelería francesa y se están interesando por aprender”, asegura Laëtitia.

Sus planes son seguir creciendo con nuevos locales. En septiembre abrirán su plataforma en línea con despacho a domicilio.

 

WALLOS CAFÉ

El 13 de febrero de 2015 fue inaugurado Wallos Café, en Simón Bolívar 3761. Nació por amor al café de  Yerko Yalimic Padilla, su dueño. El proyecto fue definido por su deseo de entregar a los clientes “una propuesta integral en torno al concepto de una cafetería de especialidad”.

Desde el inicio y hasta la fecha ofrece distintas presentaciones y estilos de café, con una oferta asociada de productos gourmet complementarios para comer. “El eje es el barista, entendido como un chef del café”, explica.

Según Yerko, la respuesta de los clientes ha sido agradecer por la entrega de un producto de alta calidad. “Mucha gente no lo toma o restringe su consumo, por haber tenido malas experiencias previas en el consumo de esta bebida. Pero acá cambian, porque reciben un café bien hecho, de orígenes certificados, con preparación de especialidad, que entrega aromas y sabores fabulosos”.

Explica que el concepto es similar al del vino o la gastronomía. “Se puede catar y según el tipo de grano y sus características, tiene distintas notas de color, aromas y sabores. Puro o con leche, debe ser una magnífica y placentera experiencia”.

La carta menú de Wallos Café incluye pastelería refinada, sándwich gourmet, jugos naturales, chocolates calientes, variedades de té… todo va en la misma línea, con el café como eje central. Destacan los sándwiches en paninis, los vegetarianos de pesto con aceitunas, queso de cabra, tomate seco y rúcula. Los de jamón crudo, que llevan además con queso mantecoso, tomate seco y rúcula, entre otros.

También ofrecen brunchs, que constan de tostadas, huevos,  palta,  jamón, jugo natural y café. Además,  tostadas con palta, tostadas con mermelada y mantequilla, yogurt natural, jugos naturales, vitaminas y batidos.

Nos explica que  el consumo de sus clientes no varía significativamente en los meses de invierno y el verano-. “Cambian las temperaturas de los productos… En invierno, cafés, tés y chocolates calientes, Chai latte, etc. En verano, con café,  frappuccinos, cafés helados, filtrados con hielo, afogatos, etc.”.

La mayor parte de la clientela los visita en las mañanas, de 8 a 11:30 horas. En las tardes, de 17 a 20 horas.

Yerko Yalimic está planificando uno o dos proyectos más, en torno al mismo concepto. Es decir, generar “un espacio de encuentro en torno a la calidad, el sabor, la amistad, el calor humano, la dedicación, la calidad de vida”.

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