Luis Michea, académico de la U. de Chile: “Es posible que el sodio no sea el responsable de la hipertensión”

Junto a un equipo de investigadores, postula que “para que la sal tenga un efecto adverso, tiene que combinarse el sodio con cloruro”. Por lo tanto, podría darse el escenario de que el sodio se pueda utilizar sin riesgo para la salud.

Hace unos días, salió publicado en la prensa un artículo que mencionaba que un grupo de médicos chilenos, encabezados por el doctor Luis Michea -académico del Programa de Fisiología del Instituto de Ciencias Biomédicas y del Laboratorio de Fisiología Integrativa del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia, de la Universidad de Chile-, detectó un factor que podría cambiar la vida a los hipertensos. Es decir, que sea posible que el sodio no sea el culpable de sus alzas de presión.

Tal hipótesis la consideramos del mayor interés para nuestro sector, tomando en cuenta que en la última década, las autoridades sanitarias han ejercido una particular presión sobre nuestra industria, a objeto de conseguir una reducción en la cantidad de sodio que se utiliza en la elaboración del pan.

Para conocer más detalles sobre el tema, junto al presidente de Indupan, José Carreño, nos reunimos con el doctor Michea y una de sus colaboradoras, la nutricionista Jéssica Liverona, quienes nos explicaron que a través de un estudio financiado por Fondecyt Regular 2017, están tratando de encontrar mayores evidencias al respecto.

Recordemos que de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010, se estima que al menos  3,6 millones de personas sufren de hipertensión arterial en Chile, de las cuales muy pocas siguen algún tratamiento.

El problema es que el exceso de la presión de la sangre daña el sistema vascular, por lo que cualquier órgano puede resultar afectado debido principalmente al desarrollo de arterioesclerosis. Y es que el exceso de trabajo del corazón termina por agotarle, ocasionando insuficiencia cardiaca. El riñón puede acabar generando una insuficiencia renal. La afectación de las arterias del cerebro produce infartos cerebrales o hemorragias. La vista resulta dañada por la afectación de los pequeños vasos de la retina.

ANTECEDENTES

Las líneas de investigación que ha desarrollado el doctor Michea, profundizan en los mecanismos causales del daño cardiovascular y renal, estudiando específicamente la hipertensión arterial y la enfermedad renal. Para esos experimentos utiliza un modelo animal, al cual interviene subiendo la angiotensina II  (hormona peptídica derivada del angiotensinógeno, que causa vasoconstricción y que, cuando está aumentada, produce alza en la presión arterial); o sea, a un ratón hipertenso.

Sin embargo, se dieron cuenta de que el exceso de angiotensina II no tenía efecto si es que el animal consumía una dieta rica en sodio (Na), pero baja en cloruro de sodio (NaCl). Es decir, no le subía la presión.

Sorprendido, el equipo de investigadores –compuesto además por los doctores Andrés Stutzin, del Programa de Fisiopatología y Rodrigo Alzamora, de Fisiología- revisó la literatura científica internacional referida al tema. Ahí se dieron cuenta de que éste era un asunto ya descubierto desde hace varias décadas, pero que no se había buscado una explicación para el mismo.

“En los ’50 se hizo esta observación, también en un modelo animal y con resultados idénticos. Una de las últimas publicaciones fue en los ’80, cuando se hicieron estudios en pacientes con hipertensión arterial esencial (de la que no se conoce la causa), a los cuales se los puso en una dieta alta en cloruro de sodio, con el resultado de que les subía la presión. Después, les cambiaron la alimentación a una muy baja en cloruro, pero rica en sodio, y en ese esquema a los individuos no les subía la presión. Pero esa observación, que se publicó en buenas revistas científicas, quedó ahí y nunca más se supo”, aclara el doctor Michea.

El académico señala que el cloruro es uno de los mecanismos que usan las células del riñón para ajustar el volumen de sangre. “Y dado que el fenómeno en humanos ya está descrito en esos papers previos, lo importante ahora es entender el mecanismo que lo explica.  A diferencia de esos pacientes hipertensos esenciales, nosotros estamos experimentando con una hormona prohipertensiva, cuya acción se inhibe al bajar el cloruro en la dieta”.

Según lo que determinen en esta fase, en relación a cómo el cloruro de sodio afecta el funcionamiento del sistema renina angiotensina aldosterona (RAS) –encargado de regular la presión sanguínea, el volumen extracelular corporal y el balance de sodio y potasio-, podrán ver después si ocurre lo mismo en humanos, y así tener una explicación para este fenómeno.

POSIBLES CONSECUENCIAS

El doctor Michea y su equipo están muy esperanzados en los resultados que obtengan en el estudio –que tiene financiamiento para los próximos 4 años-,  ya que podría confirmarse  “que para que la sal de la dieta sea un factor pro hipertensivo, el sodio requiere estar acompañado del cloruro”, y eso tendría muchas consecuencias…

– ¿Esto podría tener efectos sobre la industria de los alimentos?

– Claro. Tras la publicación de los resultados del estudio, hay tres aspectos que se deben mirar con más atención. Primero, saber si el exceso de sal en la dieta sigue siendo malo igual que antes; segundo, analizar la posibilidad de que los pacientes con hipertensión, que son sensibles a la sal en la dieta, tienen que usar un bajo contenido de cloruro en ella y, tercero, modificar las recomendaciones para los alimentos, ya que si viéramos que esto aplica para los seres humanos, habría que medir el contenido de cloruro de sodio y no el de sodio.

En definitiva, puede ser que muchas de las comidas que aparecen como ricas en sodio, a lo mejor no sean malas porque no tienen cloruro de sodio, sino que otras sales que en el laboratorio ya vimos que no causan aumento de la presión.

Si se comprueba que esto es verdad, habría que repensar el etiquetado y poner el contenido del cloruro de sodio y no del sodio.

– Es decir, ¿si se confirma que el sodio no es el culpable, sino el cloruro, podrían cambiarse las recomendaciones para los hipertensos?

– Si esto resulta verdad y logramos validar los resultados con la comunidad internacional (mediante una publicación a nivel global), se podrían modificar las recomendaciones.

Quizás ni siquiera necesitarían terapia con medicamentos y bastaría con modificarles la dieta, eliminando el cloruro de sodio, pero sí utilizando alguna alternativa sin cloruro, como podría ser el glutamato de sodio. Esto es muy relevante, porque muchas otras sales que se ocupan en la industria de los alimentos, no son cloruro de sodio sino que otras, como el fosfato de sodio, que se usa para preservar. Y a lo mejor ese sodio no es nocivo, porque no tiene cloruro. Los marinados, por ejemplo, se hacen a base de fosfato de sodio.

Quizás se podría recomendar otro tipo de sodio para reemplazar parte o la totalidad de la sal que se está utilizando. Pero con un fundamento y con la seguridad de que eso es lo que ayuda a proteger la salud de las personas.

– ¿Qué pasa con las otras sales?

– Además de estar interesados en entender si es el cloruro, el sodio o la combinación de ambos lo perjudicial, también queremos saber si las otras sales de sodio tienen ese efecto nocivo o no, y por qué pasa eso, dónde está lo que sea que hace que el cloruro produzca un aumento de la presión.

Hay que estudiar esto, ya que si el responsable de la hipertensión es la presencia del cloruro, literalmente hay miles de otras sales de sodio que se podrían utilizar.

PASOS SIGUIENTES

– ¿Qué se hará una vez que se obtengan los resultados?

– Los resultados serán un punto de partida, ya que queremos saber cuán generalizable es esta observación. Por ejemplo, deseamos saber si otros tipos (de origen) de la hipertensión se benefician si se les baja el cloruro en la dieta. Otra cosa a entender, es la razón por la que ocurre esto, ya que podría tener un efecto protector en el riñón o en el corazón o en los vasos sanguíneos, o una combinación de estas tres cosas.

¿Se harán pruebas en humanos?

Jessica Liverona (alumna tesista de doctorado, quien está encargada de la parte experimental del proyecto) indica que puede ser, pero ello se verá en otra etapa de la investigación y cuando tengamos la evidencia en los modelos animales, cuando exista la seguridad de que no hay riesgos para para las personas. Bajo esas condiciones, se pueden hacer estudios clínicos, repetir el estudio en humanos y pacientes con hipertensión, y ver si lo que apreciamos en animalitos se repite a nivel humano.

En tanto, el doctor Michea puntualiza que cree que eso parcialmente ya está hecho, porque nosotros partimos de observaciones antiguas sobre los hipertensos esenciales, que son la mayor parte de los pacientes, y con ellos se demostró que sacarle el cloruro a la sal, sí previene el aumento de la presión.

EL PAN

– ¿Qué mirada tiene usted sobre el conflicto del uso del sodio en el pan?

– Como yo me dedico a la hipertensión, tenía información de que se han hecho esfuerzos por bajar el contenido de sodio y, en el caso de los envasados, por cumplir con el etiquetado de los alimentos.

En ese sentido, es bien meritorio que se haya logrado un acuerdo voluntario y que la gente quiera adherir a un objetivo sanitario que tiene complicaciones para todos.

Lo bueno eso sí, es tener decisiones que sean fundamentadas, transparentes y equitativas… que sean para todos (no sólo para la industria del pan) y que entendamos lo que se quiere hacer, por qué se quiere hacer, así como el impacto esperado en términos de salud y los costos que ello representa, a fin de que se tome la mejor decisión posible.

– ¿Le parece que la decisión ministerial de trabajar en la reducción del sodio, se focalice por ahora sólo en el pan?

– La razón a priori, es porque el pan es de consumo muy masivo y en una cantidad significativa para las personas todos los días. Pero naturalmente que una recomendación así, debe involucrar a otros tipos de alimentos… Por otra parte, creo que en esto no sólo debiera estar trabajando el Ministerio de Salud, sino también el Ministerio de Educación.

– ¿Por qué?

– Yo pienso que los que realmente son permeables a estas campañas son los niños, quienes al interior de los hogares llevan la delantera en cuanto a motivar los cambios. Ahí hay que poner las energías.

Además, para hacer las cosas bien hay que tener claro lo que se busca y el costo–beneficio. Si la autoridad pide que se baje el sodio en el pan, que sepa que esto vale “x” y que tendrá “todos estos problemas”. Asimismo, hay que saber qué es lo que se quiere lograr. Por ejemplo, digamos una baja del 5% en los hipertensos… Pero esto qué beneficios tiene (años de vida útil que se ganan, ahorro en tratamientos, etc.).

-¿Cómo se mide el impacto?

– Eso lo tiene que decir el ministerio. O sea, ¿disminuyó el número de hipertensos, el nivel de hipertensión, los infartos?  A lo mejor lo que hay que hacer, es establecer una ventana y decir bajamos en tal porcentaje. Por ejemplo, que después de 10 años midan en qué cambio la salud de la población. Si no hay impacto real sobre lo que se buscaba, quiere decir que el camino sugerido no era el adecuado y se deben tomar otras medidas.

 

 

 

 

 

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