Extracto del discurso de presidente de SOFOFA al asumir su cargo

Nadie asume un cargo de esta responsabilidad sin una historia de virtudes y defectos, de aciertos y errores. Nadie asume un cargo de esta responsabilidad si no está dispuesto a asumir riesgos, también oportunidades, y a recibir críticas. Y créanme que cada una de las críticas que hemos recibido en este proceso electoral, nos permiten estar mejor preparados para entrar a la cancha del debate público.

Por ejemplo, la crítica asociada a haber sido director por algunos períodos de la filial de CMPC, involucrada en un grave caso de colusión, por supuesto que es legítima e incluso necesaria. Como ya lo he dicho, los graves hechos conocidos me indignan. Pero me siento muy orgulloso de cómo CMPC ha enfrentado esta dolorosa coyuntura.

Las empresas, así como las personas, no son grandes porque no se equivoquen, sino que la medida de su grandeza está dada por cómo reaccionan frente a sus errores y crisis.

La SOFOFA, con más de 100 años de historia, no se construyó en un día ni es el fruto de la genialidad individual de nadie. Su grandeza y prestigio nace de la contribución a lo largo de su historia de miles de empresarios y ejecutivos…

Nos hemos acostumbrado a la segmentación del que debiera ser un solo concepto, puro y simple: EMPRESA.

Esta segmentación facilita la caricatura. Las grandes son abusadoras. Las multinacionales son voraces. Las chicas son informales. Los emprendedores son esencialmente virtuosos y los empresarios esencialmente malos.

Caricaturas que son un síntoma más de la crisis de confianza en que está sumida la empresa en general.

Así como fue inútil la discusión de cuánto del bajo crecimiento era por factores externos o internos, también me parece infructuoso perder tiempo en analizar si la crisis de confianza hacia las empresas se debe a factores exógenos o bien o los propios… nuestra evidente incapacidad para mostrar lo mucho que hacemos y la esencia de lo que realmente somos o las malas prácticas empresariales.

Propongo más bien ocuparnos de aquello que está en nuestras manos gestionar, más que lamentarnos por las variables del entorno.

Me refiero a asumir el desafío de validar a LA EMPRESA (como concepto único y con mayúscula), como un actor esencial en el proyecto de desarrollo nacional, y promover proactivamente buenas políticas públicas para Chile a partir de las vivencias de empresas y gremios regionales y sectoriales.

Y debemos hacerlo con una actitud y disposición distinta de la que se observa a ratos:

  • Primero, tomando a esta sociedad más exigente y crítica, como una oportunidad y no como una amenaza.
  • Segundo, poniendo la mirada en el futuro, en el camino que debemos recorrer, y no añorando los tiempos pasados por el espejo retrovisor.
  • Tercero, con audacia, esfuerzo, perseverancia, innovación, capacidad de evolucionar y de adaptarse, tal como lo hacemos en nuestras empresas, y no con resignación, inmovilismo o una actitud defensiva.

Estoy convencido y me imagino que los que están en esta sala también lo están, que la gran mayoría de las empresas chilenas son de clase mundial.

Pero, ¿cuánto importa lo que pensemos acá, si afuera de esta sala se expresa desconfianza hacia nuestro sector? ¿Importa si esta desconfianza se basa sólo en percepciones o en datos objetivos?

Las percepciones se transforman en realidad. Esas percepciones paralizan proyectos; incentivan la sobre-regulación o derechamente las malas regulaciones; hacen disminuir nuestra competitividad y, perjudican al país y a sus habitantes, muy especialmente a las personas y familias más modestas. Porque somos las empresas el principal motor del crecimiento y, a través de éste, somos también la gran oportunidad de un mayor bienestar para las personas…

Chile debe conocer más y mejor de lo que hacemos en nuestras empresas; de la nobleza del emprendimiento y del cariño y esfuerzo que ponemos en nuestro trabajo. Chile tiene que conocer más y mejor que las empresas no son un lugar de enfrentamiento y de abuso, sino de cooperación y diálogo; que las empresas exitosas son las que se ganan el favor de sus consumidores con mejores productos y servicios, con innovación y creatividad.

En la era de la información, la transparencia y el accountability, no es razonable que el pudor o los temores nos impidan mostrar con más orgullo nuestra contribución al desarrollo de Chile y a lo que hacemos en el ámbito social.

La empresa chilena es mucho más que una máquina de rentabilidad; es una organización humana, donde las personas se capacitan, desarrollan su creatividad y se conectan con el mundo, contribuyendo a su desarrollo profesional y personal.

No sólo los ciudadanos deben conocer mejor a la empresa, sino también la empresa tiene que entender y conectar mejor con ese nuevo ciudadano que siente que ha progresado en los últimos 30 años, pero que al mismo tiempo tiene un legítimo temor por la fragilidad de lo logrado. Es en ese nuevo Chile, el de una sociedad moderna, compleja y profundamente fragmentada en sus anhelos e intereses, donde en el debate público participan múltiples organizaciones activas y participativas, donde debemos ahora competir como un legítimo protagonista, cuyo aporte resulta tan urgente como vital.

Y esos ciudadanos son también nuestros clientes, trabajadores y proveedores, y no toleran el abuso; se revelan frente a las asimetrías de información que ven en algunos mercados y no toleran la mala atención. Por eso debemos ocuparnos de que en los mercados donde nos conectamos con nuestros clientes y proveedores, lo que prevalezca sea el trato justo, la transparencia y la mejor información. Es el único camino para volver a establecer una conexión sustentable entre la empresa y los ciudadanos. No basta con el qué -bienes y servicios de calidad-; es también fundamental el cómo: Con transparencia, información y buen trato.

Y qué mejor plataforma que la Sofofa para enfrentar estos desafíos. El principal y más representativo gremio empresarial del país, donde concurren desde las pymes agrupadas en distintos gremios sectoriales y regionales, hasta las grandes empresas que son nuestras socias directas.

Lo que hoy queremos proponerles es, a través de la Sofofa, asumir estos desafíos mediante tres caminos que se relacionan y complementan:

Primero, debemos ser una plataforma para visibilizar testimonios empresariales y no sólo de lo que hacemos, sino también de lo que somos, de las motivaciones para levantarnos cada mañana y de los caminos recorridos, con sus logros y tropiezos.

Sólo de esta manera podremos romper las caricaturas que se hacen del mundo empresarial. Sólo así podremos re-validar al vilipendiado lucro, como esa fuerza que moviliza el capital en el mundo, que no es más que la legítima retribución por lo invertido, el riesgo asumido y el trabajo bien hecho. Es ese mismo lucro, el que también adquiere una dimensión ética y épica cuando se refleja en más y mejores trabajos, en bienes y servicios de calidad y en el valor social que la empresa genera en su entorno.

Segundo, creemos también que debemos ser un espacio donde permanentemente se estén intercambiando aprendizajes que alimenten la evolución en los estándares éticos, culturales, de transparencia, de diversidad y de gobierno corporativo de nuestras empresas.

Tercero, debemos ser un centro donde se promuevan buenas políticas públicas para Chile, que surjan de las vivencias reales del mundo empresarial.

Al país no le sirven empresarios colgados del arco intentando atajar goles. Tampoco le sirven empresarios apuntándose con el dedo unos a otros. Tenemos que salir de esa trinchera en que estamos a ratos y entrar a la cancha del debate público, exponiéndonos y tomando riesgos, tal como lo hacemos en nuestras empresas.

Manos a la obra y muchas gracias.

BERNARDO LARRAÍN MATTE

Presidente de Sofofa

31 de mayo de 2017

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